Dicen que en la variedad está el gusto, pues bien, en arquitectura no podría ser de otra manera. Ya hablamos en la entrada anterior del uso de maquetas tanto físicas como virtuales en la presentación de un proyecto. Estas son las dos principales formas de mostrar un trabajo. Sin embargo, en arquitectura, las maquetas no se clasifican según el soporte elegido, sino en base a la fase en la que se encuentre el proyecto.

En todo tipo de planes de trabajo se empieza por lo mismo: el borrador. Una exposición “en sucio” de lo que se pretende realizar. En la arquitectura pasa lo mismo. Para que el arquitecto pueda tener una visión de sus primeras ideas del diseño, deberá realizar varias maquetas de concepto. Una vez que esté hecho el esqueleto, se puede empezar la siguiente fase.

Nos adentramos en la maqueta prototipo. Aquí ya se empieza a pensar en la escala y en los aspectos más funcionales. Comenzamos a fijarnos en la ubicación y el espacio interior. Se trata de la primera visión más o menos concreta del resultado final. Eso sí, seguramente habrá que hacerle algún que otro arreglillo.

Ya está cerca el final. Las paredes están colocadas, los pasillos, las escaleras… ¡el edificio está listo! Ya podemos presentar la maqueta de proyecto a nuestro cliente. Una última versión del edificio, bien limpia y trabajada. Una representación a una escala más bien grande para que se puedan apreciar todos los
detalles.

Solo nos falta una cosa para completar el proceso de creación de un prototipo: la ubicación. Tenemos que saber dónde se va a emplazar la construcción y qué posibilidades ofrece el exterior. Todo esto se plasma en la maqueta de emplazamiento, que incluye una representación a menor escala de la maqueta proyecto, ya que se va a poner el foco en los alrededores del edificio.

Estos son todos los tipos de maqueta arquitectónica que existen. No es una clasificación donde se escoge el que mejor se adapte a las circunstancias, sino que hay que pasar por todos estos módulos para llegar a presentar algo correcto a un cliente.

Eso sí, esto es lo básico. Para que un proyecto destaque la originalidad es lo principal, y eso depende mucho de los materiales que se utilicen. De esto, precisamente, hablaremos en la siguiente entrada, así que… ¡estad atentos!

Valóranos