Puede que el momento más duro para un estudiante de arquitectura sea presentar su primera maqueta. Las dudas sobre si será una buena presentación de su proyecto van creciendo a medida que se va acercando la hora de la entrega. Pues bien, para esos inseguros escribimos hoy una serie de consejos para que una maqueta se lleve un sobresaliente.

Lo primero de todo es la organización. Hay que conocerse a uno mismo y asignarse unos plazos para acabar cuanto antes el trabajo. Y también hay que familiarizarse con los materiales, por lo que experimentar un poco con ellos no vendría mal a la hora de planificarnos. Tener a mano un calendario y rellenarlo con las distintas fases de elaboración. Eso sí, no olvides dejar algún que otro día para descansar la mente y también por si algo sale peor de lo previsto.

Una vez que tenemos bien definido el plan de acción habrá que empezar a plantearse cómo va a ser la maqueta. ¿Qué escala es la mejor? ¿Cómo puedo hacer que resalten los detalles? Hay que tener muy en cuenta el tamaño final de la maqueta, sobre todo para hacer una estimación de cuánto material necesitas, cuánto espacio se va a ocupar y cuánto tienes que mirar el bolsillo. Y, por supuesto, nunca viene mal alguna que otra ayuda de un compañero de oficio.

Ya tenemos un boceto de la maqueta. Sabemos cuánto nos va a ocupar tanto en espacio como en tiempo, por lo que es hora de ponerse ¡manos a la obra! ¿Qué se necesita para comenzar a trabajar? Pues materiales. En este punto se abre una puerta hacia un sinfín de posibilidades: madera, cartón, acetato, cartulina, glicerina, alambre… La elección dependerá del acabado que se le quiera dar a la maqueta. ¡Ah! Y aquí también hay que fijarse en los precios y en la dificultad de manipulación.

Llegó la hora de cortar las piezas. ¡Cuidado con los dedos! Hay que saber bien qué herramienta utilizar para cortar cada tipo de material. Y, en este punto, lo primordial es la precisión. Ahí va un pequeño truco: si haces un boceto en papel a tamaño real de la pieza y lo pegas en el material, resultará mucho más fácil seguir las líneas de corte sin equivocarse.

Ahora pasamos al pegamento. De nuevo… ¡cuidado con los dedos! Al igual que la herramienta de corte, hay que saber bien qué tipo de adhesivo va mejor con los materiales escogidos. Y como menos es más, no pongas demasiado pegamento. Cuanto más limpio quede, mejor. Además, si nos equivocamos es más fácil despegar las piezas.

Por último, solo quedan los detalles. Una capa de pintura, laca o barniz para que nuestra maqueta brille entre las demás. Darle diferentes texturas y aportar realismo es fundamental para destacar. Y si tienes que transportarla, asegúrate de conseguir un medio lo suficientemente espacioso como para que no sufra ningún daño en el trayecto.

¡Ya está lista la maqueta! Ahora solo queda ensayar en el espejo la cara de satisfacción que pondrás cuando la enseñes.