Cuando se habla de arquitectura, las primeras imágenes que vienen a la mente son grandes construcciones con diseños bastante elaborados, modernos o tan antiguos como las catedrales góticas. Sin embargo, el trabajo de un arquitecto no se basa solo en obras magistrales dignas de conseguir todos los premios de arquitectura. La labor del arquitecto está, sobre todo, en facilitar la vida de los ciudadanos, en crear una ciudad habitable que cubra las necesidades de los usuarios.

En las zonas menos desarrolladas, la presencia de un arquitecto supone todo un lujo, ya que los propios habitantes se construyen sus casas sin la ayuda de planos, ni grúas, ni herramientas tecnológicas. Muchos profesionales se han interesado en este tipo de viviendas “hechas a mano” y han encontrado una nueva forma de ver a esta disciplina, donde el residente forma parte del proceso de edificación. Se trata de la denominada arquitectura cooperativa.

La arquitectura cooperativa trae los valores de los países con menos recursos a las áreas de clase media de las ciudades desarrolladas. El arquitecto se encarga de plasmar el proyecto, pero siempre con la colaboración de la persona que va a ocupar posteriormente la vivienda. El usuario es una parte activa tanto en el planteamiento como en la construcción.

Puede que la mejor representación de este tipo de arquitectura sea la actividad que llevan a cabo los arquitectos de TYIN Tegnestue. Se trata de un estudio que defiende el “Do it yourself” incluso para construir casas. Como si se tratara de una maqueta, pero a escala real. Estos profesionales han creado lo que han llamado una “Caja de herramientas” en su web. En ella adjuntan archivos descargables que no son más que instrucciones y diseño de piezas para usar de molde.

Es decir, casas ¿imprimibles?, pero no en 3D, como ya se está haciendo. Con esto se da un paso atrás y una obra se convierte en una gran manualidad. Imprimir los planos y usar las piezas de papel como plantillas para cortar la madera, el metal y los materiales que se precisen. Y, luego, como si fuese un trabajo de tecnología para el colegio, pegar las partes y añadirle los detalles.

En España también existe un grupo parecido al anterior. LaCol, una cooperativa de jóvenes arquitectos ubicada en Sants (Barcelona). Ellos sugieren una transformación en la forma de diseñar y hacer la arquitectura. El objetivo de su proyecto, es favorecer el cambio social y trabajar de manera horizontal mediante la participación activa del ciudadano de a pie. Carles Baiges, uno de los miembros de esta asociación, afirmó para la agencia «barcelonés» que “lo interesante es el proceso, que la gente aprenda que hay otras maneras de vivir y que es capaz de hacerse sus cosas”.

La arquitectura colectiva no nace solo para ayudar a las ciudades más desfavorecidas, para que sus habitantes puedan tener una vivienda sólida; sino que pretende concienciar a los habitantes de las zonas con mayor poder adquisitivo y enriquecer poco a poco la formación de un conocimiento colectivo cuyo fin no es otro que la constante mejora en la calidad de vida de las futuras generaciones.