Una maqueta arquitectónica es arte efímero. La representación en miniatura de una futura realidad. Un modelo a escala que desaparece cuando el edificio que representa se construye. Cuando esa realidad es palpable, el cometido de la maqueta ha terminado. Pero ¿cuál es su destino después? ¿Existe un cementerio de maquetas en el que reposan en silencio?

Sabemos que las maquetas arquitectónicas sirven para que el consumidor final pueda ver en tres dimensiones cómo será el acabado final del proyecto. Son indispensables en el sector inmobiliario y tienen un gran valor funcional para los arquitectos cuando trabajan en un nuevo diseño.

La vida de una maqueta

Todo comienza sobre el papel. En la primera fase o anteproyecto, el arquitecto desarrolla un croquis muy esquemático que contiene una selección de planos en planta y alzados con sus distintas propuestas, acompañados de una maqueta conceptual que refleja la intención de este primer diseño. Esta muestra de manera sencilla el efecto visual y espacial que tiene el proyecto, jugando con la forma, el tamaño, el color o la textura. Se trata de un prototipo con un acabado no muy estilizado y que puede ser modificado con gran facilidad.

En la segunda fase, aprobado el concepto, se trabaja ya con el proyecto básico. En esta fase se realiza la denominada, maqueta de trabajo. Los acabados están mejor definidos, aunque no son los definitivos. El modelo se utiliza para analizar cómo convive el proyecto con el espacio que le rodea y la edificación existente.

Finalmente, en la tercera y última fase, se realiza la maqueta de ejecución, que muestra el proyecto definitivo. Se crea para uso comercial y muestra el contexto urbanístico completo, incluyendo algunos elementos como mobiliario, vehículos, naturaleza, o personas, para facilitar la idea de la escala. Es la maqueta que podemos ver montada como exposición en inmobiliarias, congresos, exposiciones, etc.

Cuando el proyecto está terminado, la “vida útil” de la maqueta ha concluido. Sin embargo, conserva su interés como pieza de estudio y artística. Así es como lo han entendido los artífices de un interesante museo inaugurado en Tokyo. El Archi-Depot alberga en sus 450 metros cuadrados, maquetas arquitectónicas de prestigiosos arquitectos</strong> y estudios japoneses, para que el público contemple estas pequeñas obras de arte. Pero el Archi-Depot también ofrece otro práctico uso: que los abarrotados estudios de arquitectura puedan ganar espacio, librándose de sus maquetas y exhibiéndolas en el museo.

Sin duda se trata de una original propuesta, que tiene antecedentes como el Museo Victoria & Albert de Reino Unido que exhibe una muestra del diseño británico arquitectónico a través de sus modelos en miniatura. Una segunda vida para las maquetas, que pueden seguir siendo valiosas para diseñadores, estudiantes y público en general.

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