¿Dónde van los juguetes cuando se rompen? Desafortunadamente, la mayoría de ellos suelen acabar en la basura y son sustituidos por otros recién sacados de la caja. Sin embargo, en el barrio de Gracia, en Barcelona, existe un lugar bastante peculiar que les regala una segunda vida a los muñecos “heridos”. Se trata de un “Hospital para juguetes” donde solo trabaja una doctora que se encarga de curar a todos los cachivaches que llegan. Su nombre es Noemí Batllori, y el año pasado decidió que iba a dedicarse a reparar cabezas, piernas y alguna que otra rueda de juguetes rotos.

De maquetista a Geppetto

Hace dieciséis años, en 2001, Noemí Batllori se especializó en Moldes y Maquetas en la Escuela de Artes y Oficios de Barcelona. Tres años después monta su propio taller de maquetas, donde comienza a elaborar modelos de todo tipo. Ha trabajado fabricando maquetas para decoración y atrezzo, para publicidad y, por supuesto, para arquitectos y estudios de arquitectura. Uno de sus mayores proyectos fue la construcción de un modelo a escala del Museo Marítimo de Barcelona.

Hace dos años dejó apuntada en un cuaderno una idea que le había rondado en la cabeza: un hospital de juguetes. No obstante, esta maquetista ya había tenido una primera toma de contacto con los juguetes cuando nació su hija. Le construyó una casa de muñecas con varios restos de maquetas que tenía por casa. Y fue también cuando algunos amigos comenzaron a llevarle distintos objetos para que los arreglara. Pero no fue hasta el año pasado cuando decidió poner en marcha el centro de reparación de juguetes rotos.

Batllori definió el proyecto desde el principio como un trabajo solidario que ayudara a los niños a valorar sus posesiones. No recibe nada a cambio de la reparación más que historias entrañables de muñecos y pequeños dueños que quieren seguir jugando con su compañero favorito. Incluso algunos adultos llevan sus juguetes de la infancia para que les de algún remiendo. Ella asegura que los juguetes antiguos son más fáciles de reparar porque estaban hechos con madera, trapo y materiales más resistentes que el plástico de ahora.

En busca de colaboración

A su taller no llegan las cantidades de juguetes que a ella le gustaría. Por eso, Noemí Batllori ha dado charlas en colegios para darse a conocer y enseñar a los niños valores de reciclaje y reparación. Incluso se ha propuesto una nueva meta: crear un taller donde los más pequeños puedan arreglar sus propios muñecos con sus manos. También ha conseguido comenzar un proyecto con la “Fundación Engrunes”, que se ha convertido en una fuente de juguetes rotos importante que ella irá reparando para que luego venderlos en las tiendas de la fundación a un precio simbólico.

Por ahora, Batllori reconoce que el hospital de juguetes no se ha traducido en un incremento de su trabajo como maquetistas. Pero sí que es su mejor carta de presentación y un motor de ilusión y fuerzas para seguir adelante con un proyecto tan mágico como devolver a la vida al juguete preferido de cientos de niños.

Foto del artículo: Noemí Batllori