¿Os acordáis cuando hablamos de las maquetas en el cine? Son parte fundamental de los decorados y los efectos visuales de las películas. Pasan desapercibidas porque presentan un aspecto tan real, que no nos damos cuenta de que, en realidad, estamos viendo un castillo que se eleva solo un metro del suelo. Pero detrás de cada miniatura hay un profesional (o varios) que han trabajado duro para conseguir el mejor resultado.

Uno de los maquetistas más reconocidos de España es Emilio Ruiz del Río. Este madrileño fue el gran mago del cine del siglo XX. Consiguió hacerse con tres premios Goya gracias a las escenografías creadas para Acción mutante (1993), Nadie conoce a nadie (1999) y El laberinto del fauno (2006). Tan solo un año después de ganar su último goya, el artista dejó el mundo a sus 84 años.

Emilio Ruiz del Río formó parte del equipo de más de 500 películas producidas por todo el mundo. Trabajó de la mano de grandes directores como Luis Buñuel, Orson Welles y Kubrick. Su pasión por las maquetas le vino desde muy niño, ya que disfrutaba viendo espectáculos de marionetas, con esos escenarios minúsculos. Más tarde se formaría en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Sus comienzos en el cine fueron como pintor de forillos y creador de los carteles que colgaban en las salas de la Gran Vía (Madrid). En los años 70 da el gran salto hacia Italia, donde comenzaría su carrera como escenógrafo. Su talento le llevó a participar en superproducciones norteamericanas, ganándose reconocimiento en Hollywood.

Sus trucos llevaban su firma. Nadie le enseñó a hacer lo que hacía. Fue el primero en realizar escenas náuticas, con maquetas de barcos, en el mar. Prescindió de las piscinas de estudio y creó un sistema de drenaje de agua para conseguir la máxima realidad. También fue pionero sustituyendo el cristal
por planchas de aluminio para pintar sobre él. Era un genio tanto construyendo las maquetas como fijando el encuadre y la perspectiva que las hacía reales.

Además, solucionaba problemas de la forma más creativa. En una de las películas donde mostró su arte, necesitaban figurantes que cubrieran el fondo de la escena. Eso supondría grandes gastos en castings y remuneraciones. Por eso, llenó un pequeño escenario de figuras de unos 10 centímetros e inventó un mecanismo con un ventilador para darles movimiento.

Un año después de morir, se le homenajeó con un documental titulado “El último truco”. En él se descubren los increíbles efectos visuales creados por el mejor especialista del mundo. Una película que destapa la magia de todas las demás. En un tiempo en el que el ordenador no formaba parte de casi ningún equipo cinematográfico. Y mucho menos existían técnicas de efectos especiales creados desde un software. Emilio Ruiz del Río consiguió destacar con su imaginación y su capacidad de inventiva.