En otra ocasión ya hablamos de los materiales que se suelen utilizar para la construcción de maquetas. Sin embargo, últimamente se está hablando mucho de las impresoras 3D y se le está dando múltiples usos. Para la arquitectura es una herramienta que puede llegar a facilitar mucho el trabajo y conseguir prototipos de forma casi automática. Pero… ¿cómo funcionan estas impresoras? ¿Para qué sirven? ¿Cuánto cuestan?

Las impresoras 3D son máquinas casi mágicas. Tienen la capacidad de convertir un diseño realizado por ordenador en un objeto con volumen que se puede utilizar cotidianamente. Por ejemplo: si dibujas una forma sencilla, como un cubo, en un papel y luego lo diseñas en el ordenador; la impresora hará que el cubo pase de ser un simple dibujo a un cuerpo real, con sus seis caras.

El proceso de producción que siguen estas impresoras no es nada del otro mundo. Se trata de un proceso aditivo, es decir, el dibujo que se ha trasladado al ordenador se divide en múltiples capas que la máquina va imprimiendo una a una, añadiendo una capa encima de otra hasta conseguir la forma deseada. Para esto hace falta un programa informático de CAD (Diseño asistido por ordenador) que haga posible la “magia”.

 

El uso que se le puede dar a estas impresiones es infinito, pero nosotros nos vamos a centrar en la arquitectura. En este ámbito, la incorporación de las impresoras 3D, ha hecho posible que se facilite mucho el trabajo. ¡Las maquetas se hacen solas! Aunque… bueno, esto no es del todo así. Antes, la maña del arquitecto o el maquetista era la clave para realizar una buena maqueta. Ahora, lo imprescindible es saber diseñar esa maqueta por ordenador, con todos sus detalles y que luego la impresora la reproduzca ella sola.

En cuanto a los acabados que podemos obtener en nuestras maquetas, dependerá mucho del material de impresión que utilicemos. Los materiales que se pueden usar para hacer impresiones con estas máquinas también es muy amplio. Incluso los cocineros ya están creando platos con ellas, añadiendo cartuchos de chocolate. Pero en la arquitectura, lo más usual es construir los objetos de las maquetas a base de materiales plásticos, como puede ser el ABS (acrilonitrato butadieno estireno), que es bastante resistente, algo flexible y resulta fácil pintar sobre él.

Los plásticos suelen ser los materiales de impresión más baratos, rondando entre los 20 – 30€ el kilo de producto. Sin embargo, en la calidad va el precio, y uno de los contras de los plásticos es que solo imprimen a un color. Si se quiere conseguir una impresión a todo color, o incluso reproducir la textura de un material determinado, la mejor opción es la impresión en sinterizado de polvo composite.

Pero es que esta tecnología avanza tan rápido que ya no se usa únicamente para la arquitectura a pequeña escala, sino que ya se ha construido el primer puente impreso en 3D y se ha hecho en Alcobendas, en Madrid. Además, ya se pueden conseguir estas impresoras para el uso doméstico en versiones inferiores a las usadas profesionalmente. ¿Quien sabe? Puede que en el futuro todos los hogares dispongan de una de estas y será entonces cuando las tiendas de mobiliario para el hogar vayan a la banca rota.