Ya hemos hablado, en otras entradas, de maquetistas que han dedicado su vida y tiempo libre a crear mundos en miniatura. Pero en esta ocasión, te presentamos a un artista que lleva la escala al límite. Sus maquetas son tan minúsculas que es necesario una lente de aumento para poder verlas. ¿Curioso verdad? Sigue leyendo un poco más y descubre el laborioso trabajo de Manuel Ussá.

Micro-mundos dentro de macro-esculturas

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Fotografía de Wasel Wasel

Entre las obras de Ussá se pueden observar incluso monumentos arquitectónicos como la Basílica de San Basilio realizada sobre un fósil. Además de una plaza de toros construida en la cabeza de un alfiler. Una aldea esculpida en la superficie de un hueso y el campanario de Guadalest, la localidad alicantina donde se encuentran estas maquetas casi invisibles.

Todas estas curiosas creaciones viven esperando visitantes en dos museos. En el museo Migro-gigante conviven esculturas de menos de un milímetro con otras que llegan hasta el techo. El autor de las mismas es un apasionado de la naturaleza y lo muestra en cada una de sus obras. Por eso mismo, entrar al museo es como adentrarse en un bosque encantado en el que el hechizo consiste en agrandar lo pequeño y convertir en minúsculo lo grande.

Sin embargo, el museo de Microminiaturas no es apto para miopes. Todas las obras expuestas son tan pequeñas que una lupa convencional tampoco serviría para contemplarlas. ¿Imaginas “Las Meninas” de Velázquez pintadas en un grano de maíz? En este lugar es posible. Al igual que visitar la Estatua de la Libertad y la Torre Eiffel modeladas en el ojal de una aguja.

Entre latido y latido

Así es como Manuel Ussá es capaz de esculpir sus obras, aguantando la respiración y marcando los movimientos controlando su pulso. Es la única forma de poder crear micro-esculturas que no son perceptibles para el ojo humano. Para poder ver las miniaturas de este artista es necesario utilizar lupas bifocales de 10 a 80 aumentos. Además de una lámpara de luz polarizada que incide puntualmente en el campo focal donde se exponen sus obras.

Un trabajo muy complicado que necesita también de unos materiales especiales. Ussá construye sus propias herramientas y nunca toca las maquetas de forma directa, ya que se romperían. Los pinceles que fabrica son tan finos que se hacen imposibles de ver a simple vista, también se necesita un lente de aumento para poder adivinar la función de cada herramienta.

Ver para creer. Nunca mejor dicho. Estas pequeñísimas obras son dignas de los museos donde se encuentran. El trabajo del escultor es tan difícil y el resultado es tan impresionante que merece el respeto de todos los que se dedican, tanto profesionalmente como por entretenimiento, a la creación de maquetas.