Lo más importante a la hora de patentar un invento es tener una gran idea, calibrar su utilidad y desarrollar cada aspecto de su diseño.

Pero ahí no acaba todo. Una vez realizadas todas las gestiones para inscribir nuestro invento en la Oficina Española de Patentes y Marcas, comienza la carrera por convertirlo en un proyecto viable. Para ello, en muchas ocasiones necesitaremos acudir a ferias o exposiciones o visitar a potenciales inversores que puedan apoyar nuestra idea para llevarla a cabo.

En estos casos es indispensable contar con un buen informe y documentación gráfica que respalde nuestra creación, pero será de gran importancia contar también con una maqueta del prototipo.

El primer objetivo de realizar una prueba física antes de lanzarse a la fabricación final del diseño es comprobar si el invento funciona de manera correcta. Un buen prototipo nos garantiza el testeo del mecanismo para ratificar su buen funcionamiento. Para conocer los puntos o piezas que deben reformularse y para corregirse, mejorando el proyecto.

Lo más probable es que necesitemos un inversor para llevar a término el proyecto o incluso, si vamos a autofinanciarlo, posiblemente tengamos que vender el producto a otras empresas. Por ello, será de gran utilidad contar con una maqueta que nos ayude a atraer la atención de clientes al observar de manera real la estética y el funcionamiento del prototipo.

La utilidad de las maquetas a escala

En ocasiones, nuestro invento tendrá unas dimensiones que harán inviable, muy costosa o demasiado voluminosa la creación de un prototipo a escala real. Será en estos casos de gran utilidad la construcción de una maqueta a menor escala que cumpla todos los requisitos de una reproducción fiel al tamaño, pero con la ventaja de ser más manejable. O puede ocurrir todo lo contrario y que nuestro invento necesite una maqueta a escala aumentada para poder explicar su funcionamiento de forma comprensible. Esto ocurre, por ejemplo, con microchips o nanorobots. Es interesante intentar crear un estuche o funda a medida, puesto que nos permitirá transportar la maqueta de una manera segura y cómoda.

Hay diferentes tipos de maquetas que pueden servirnos para este propósito:

Una maqueta conceptual, que dé una idea general del proyecto sin necesidad de estar muy desarrollada.

Una maqueta simplificada, como una pieza del diseño.

Una maqueta totalmente funcional, que sea una réplica exacta del prototipo en versión reducida. Permitirá comprobar su funcionamiento, haciéndonos ahorrar tiempo y dinero.

Una vez seleccionada la tipología de maqueta que más se adapte a nuestras necesidades, debemos saber que hay múltiples materiales y técnicas con las que fabricarla. Puede tratarse de un prototipo de madera, plástico, metal o vidrio o que incorpore varios materiales, así como ser estático, móvil, mecánico, motorizado, con iluminación…

Solo hay que valorar cuáles son nuestras necesidades y preferencias y crear la maqueta perfecta de nuestro invento para poder conseguir un impacto que será muy positivo para nuestra patente.