La arquitectura se define como el arte y la ciencia de diseñar, proyectar y construir edificios y espacios. Es una definición muy básica, pero en ella ya lleva la palabra “arte”. Además, la arquitectura es una de las disciplinas que conforman las Bellas Artes. Así que… si este ejercicio, el de diseñar construcciones a grande escala es considerada una actividad artística, ¿por qué no considerar también a sus miniaturas? Está claro, las maquetas también son una obra de arte.

Las maquetas han sido amigas fieles de los arquitectos desde siempre. El arquitecto no puede conservar su obra como recuerdo en una vitrina de su casa, pero esa construcción a pequeña escala se puede convertir en un trofeo una vez acabado el proyecto real. Además, al fin y al cabo, se le coge cariño después de tantos cambios y correcciones que ha soportado en el proceso de creación. Siendo un objeto con tanto valor para el arquitecto, ¿por qué no lo va a ser para el resto del mundo?

En Europa, en general, nos gusta ser prácticos, darle una utilidad específica a cada cosa que hacemos; y con las maquetas ha pasado lo mismo. Normalmente, han
estado destinadas a plasmar detalles de una obra arquitectónica antes de su construcción, para mostrar a una constructora el resultado aproximado de un proyecto; en definitiva, para conseguir clientes. Sin embargo, en otros lugares, sobre todo en Nueva York, las maquetas han tenido más vida después de dar por finalizado el edificio real. Las han convertido en obras de arte dignas de formar parte de un museo. Y desde hace unos años, esta tendencia está inundando nuestro continente y van creciendo las exposiciones dedicadas a la “mini-arquitectura”.

Sin ir más lejos, en Málaga, en el Centro Pompidou, se ha tenido la posibilidad de disfrutar de la exposición titulada “De la ciudad al museo: arquitecturas parisinas 1945 – 2015”. Se trata de una colección de 40 maquetas de edificios de autores como Rem Koolhas, Jean Nouvel, Richard Rogers y Renzo Piano. En ella se relata la historia de la arquitectura de los últimos 60 años de la metrópoli Grand Paris.

Y en esa exposición se muestran partes emblemáticas que forman y formaron parte de una ciudad. Pero hay museos en los que se muestran maquetas de ciudades al completo. En San Petesburgo podemos visitar la Grand Makiet, una maqueta de varias ciudades de Rusia que alberga alrededor de unos 800 metros cuadrados, convirtiéndose en la maqueta más grande del mundo. Y no es una maqueta cualquiera, representa todos los aspectos de una población, desde los edificios hasta actividades cotidianas, porque es una maqueta interactiva, tiene vida propia. Las ciudades están conectadas por vías ferroviarias y carreteras por donde circulan mini-vehículos. También se hace de noche y se encienden todas las luces de las calles, vuelve a ser de día y se pueden apreciar los sonidos de cada uno de los elementos que la componen.

Con todos estos ejemplos podemos afirmar que las maquetas son pequeñas obras de arte. Esculturas que evidencian los lazos entre el arte y la arquitectura. Detalles dignos de pertenecer a una exposición de museo, o incluso de ser el objeto protagonista. Piezas artísticas en miniatura que forman grandes escenarios que ayudan a comprender cómo está diseñado el mundo.