Estamos acostumbrados a ver películas con efectos especiales impresionantes hechos por ordenador. Y escenarios que, sin esos efectos, se reducen a una tela verde sin gracia. Sin embargo, se consiguen unos resultados tan espectaculares que nuestro ojo llega a captarlos como escenas reales. Y aunque los softwares de diseño son los que imperan en esta época en la postproducción de series y películas, las maquetas siguen siendo partes principales de las ilusiones que se crean en los platós.

Puede que el uso de maquetas para el cine suene a un recurso anticuado. Ya nada se escapa del alcance de los diseñadores gráficos, capaces de crear universos mágicos y seres majestuosos con una precisión impecable. Sin embargo, para escenas donde el realismo es lo que realmente importa para el éxito de la película, las maquetas siguen siendo un recurso fundamental en la producción audiovisual.

Con las maquetas, se consigue engañar al ojo a través de un juego de perspectiva. Aunque en antaño se utilizaran escenarios en miniatura para dar la sensación de que los personajes eran gigantes, ahora el uso de los modelos van más allá. El truco más espectacular que se consigue con las maquetas es la recreación de catástrofes naturales, accidentes aéreos, naufragios…

Uno de los mejores, y más actuales, ejemplos de esto último es la realización de la película “Lo imposible”, que se basa en la historia real de una familia española que sobrevivió al tsuami que en 2004 azotó el sudeste asiático. En una de las escenas esenciales, en la que la ola gigante arrasa con el resort de vacaciones donde se instalaba la familia, se utilizó una maqueta a escala 1:3 construida a mano por un equipo alemán. La maqueta también sirvió para representar los destrozos de la catástrofe, imitando las habitaciones, los bungalows, la piscina y todo el mobiliario (sillas, mesas, sombrillas…). Cada detalle se cuidó con sumo cuidado para que el resultado fuera lo más parecido a las imágenes que se grabaron en el momento real. En este vídeo se muestra cómo fue el rodaje con la maqueta.

Y acercándonos más a las construcciones arquitectónicas, vamos a hablar del que, posiblemente, sea el castillo más mágico del mundo audiovisual (y seguro que muchos siguen esperando que una lechuza les entregue una carta procedente de él). Se trata de la Escuela de Magia y Hechicería más famosa: Hogwarts. Allí se desarrolla, durante ocho películas, la historia del joven mago Harry Potter. En todos los largometrajes se pueden ver numerosas escenas donde el edificio es el protagonista, y como en la anterior película, también se trata de una maqueta. Mide aproximadamente unos 15 metros de ancho que están llenos de detalles muy realistas, a pesar de su esencia fantasiosa, y dispone de más de 2.500 luces de fibra óptica que simulan antorchas. Al finalizar el rodaje de la saga, la maqueta se trasladó a los estudios de Warner Bros, en Londres, donde todos los aficionados al cine, y a Harry Potter, pueden contemplarla.

Con estos dos ejemplos se pone de manifiesto la efectividad de las maquetas como parte de los efectos especiales en las producciones audiovisuales. Además, con ellas se consigue un ahorro en el presupuesto, puesto que es más económico recrear un hotel en miniatura y grabarlo desde muy cerca, que llegar a acuerdos económicos con el hotel real para rodar en él. Al fin y al cabo, y a la vista está, los resultados son excelentes.