Malcolm Maguire es un arquitecto neozelandés reconvertido, casi por casualidad, en maquetista desde hace 27 años.

Tras trabajar en Londres en los estudios de algunos de los arquitectos internacionales más importantes, como Norman Foster o Richard Rogers, ha creado su propio taller de creación de maquetas en Fitzroy, Melbourne.

Y precisamente de Melbourne se han construido en su taller más de 1.100 maquetas de los más diversos edificios que componen la ciudad.

La importancia de la maqueta en un proyecto de construcción

En plena era de lo digital, con innumerables aplicaciones que permiten a los estudios de arquitectura desarrollar bocetos y diseños virtuales con todo tipo de detalles, es precisamente cuando más se valora la maqueta arquitectónica como herramienta infalible a la hora de proyectar una visión tridimensional realista de determinadas construcciones.

The Modelcraft Workshop, el taller de maquetas capitaneado por Maguire, ha recibido a lo largo de estos años numerosos encargos para realizar modelos de edificios residenciales, hospitales o centros comerciales. Los demandantes tienen perfiles bien diversos, pues el equipo ha trabajado tanto para entidades públicas como para empresas constructoras y promotores inmobiliarios, pero está creciendo la demanda por parte de personas de alto poder adquisitivo que requieren miniaturas de sus impresionantes residencias.

Y es que la maqueta tienen un poder de atracción que no es comparable con los bocetos virtuales de un proyecto. El ver un modelo físico y tridimensional, aunque sea en miniatura, de lo que en un futuro será un edificio, permite hacerse a la idea del aspecto y los volúmenes que presentará. Es algo mucho más fácil de percibir y entender, sobre todo por parte de un público que no sea profesional del diseño o la arquitectura.

De hecho, gran parte de los trabajos de Modelcraft son maquetas plásticas que empresas inmobiliarias les encargan para presentar sus proyectos urbanísticos a los potenciales clientes, pues les son de gran utilidad para vender mejor sus productos.

Se trata de creaciones que suponen un coste bastante elevado, pues el trabajo es duro y minucioso, y el equipo pasa interminables jornadas trabajando en maquetas que pueden precisar de meses de trabajo intensivo. Pero los resultados son impresionantes, lo que parece garantizar la viabilidad de un taller especializado como este.

Y así, tras 17 años trabajando en la urbe, Malcolm Maguire prácticamente ha conseguido convertir a Melbourne en una versión gigante de los modelos que él previamente ha creado en su taller de maquetas. Le encanta trabajar allí, pues considera que la esfera arquitectónica que existe es de lo más rica e interesante.

Uno de los trabajos pendientes con los que sueña Malcolm es con modelar una maqueta completa de la ciudad de Melbourne, un proyecto de gran envergadura que nunca se ha llevado a cabo, pero que de hacerse, sin duda debe pasar por las manos de Maguire. 

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