La vocación profesional del arquitecto David Kemnitzer despertó en su infancia gracias a su pasión por el universo en miniatura de las maquetas, especialmente, el de la maqueta arquitectónica de papel.

Su colección, que comenzó en los años cuarenta, ha llegado a reunir más de 4.700 modelos, representando edificios emblemáticos de Estados Unidos y de otros países del mundo. Además, la colección que se exhibe en el Museo Nacional del Edificio de Washington también muestra maquetas de granjas, castillos, pueblos y rascacielos. Incluso modelos tan originales como una futura estación espacial diseñada en los años cincuenta.

Una vocación temprana

Todo comenzó con los modelos en papel que una tía del pequeño David le enviaba desde Alemania. El niño se fue aficionando a las maquetas y reuniendo poco a poco una colección cada vez mayor. De ahí nació su vocación profesional: construyendo a mano todos los detalles de maquetas de centenares de edificios, quedó fascinado por la belleza y complejidad de la arquitectura. A lo largo del tiempo, y como coleccionista compulsivo, las maquetas se acumulaban y muchas de ellas ni siquiera llegó a montarlas. Entre los años 2013 y 2016, Kemnitzer depositó en el museo una gran parte de su colección.

La exposición “La vuelta al mundo en 80 maquetas de papel” ha supuesto un gran trabajo de preparación. Un equipo de estudiantes de arquitectura y voluntarios se han dedicado a seleccionar y reconstruir pacientemente los modelos más interesantes en nuevas copias a color, para no dañar los originales. Armados de tijeras, pegamento y cúter, han pasado semanas dando vida a maquetas de todo el mundo. El sueño de cualquier maquetista.

Un mundo en papel

La exposición va más allá de la mera exhibición de maquetas arquitectónicas. Supone un recorrido por la historia de las maquetas y también por la historia de la arquitectura. La colección alberga joyas como maquetas con gran lujo de detalles de Montmartre en París o la catedral de Canterbury; una maqueta en blanco y negro de un pueblo judío de Europa del Este, que no incluía el baño comunal ni la posada en la que se despachaban bebidas, según rezaba el texto de la publicidad de la maqueta; o maquetas tan curiosas como la de una planta de energía nuclear o del Estadio Olímpico de Seúl.

Para despertar, quien sabe, futuras vocaciones profesionales de arquitectos o de maquetistas, el museo incluye en su página web la opción de descargar modelos imprimibles de maquetas. Entre ellas, además de una réplica a escala del propio edificio del Museo Nacional, también se puede construir un puente colgante y una maqueta del Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana. Una exposición que entusiasmará a los apasionados de las maquetas.

Foto del artículo: National Building Museum