Muchos objetos de la vida cotidiana tienen mucho más valor por las emociones que puedan despertar que por su precio. Los edificios también suelen formar parte de esa lista de cosas a las que “tenemos cariño”, pero no por su forma, sino por las experiencias. Por ejemplo, recordar el hogar donde pasamos la mayor parte de nuestra infancia. La arquitectura más básica tiene como función el diseño y la construcción de viviendas y edificaciones con un fin práctico y funcional. Sin embargo, a lo largo de la historia han ido apareciendo corrientes que otorgan a la arquitectura el poder de crear sentimientos.

La arquitectura emocional

La arquitectura está considerada como una disciplina artística, por lo que el producto de la misma se puede considerar una obra de arte. En en el diseño de una nueva construcción entran en juego las formas, los colores, las texturas, los materiales… Y todos esos elementos pueden provocar distintas sensaciones sobre quien los contemple. Luis Barragán, el arquitecto y ganador del premio Pritzker en 1980, es el propulsor de la “arquitectura emocional”. La obra de este mejicano se caracterizó por el uso del agua, las rocas, la luz y los colores. El objetivo principal de la arquitectura emocional es provocar sentimientos plácidos y crear un ambiente armónico.

Su última obra fue la Casa Gilardi. Una vivienda donde puso en práctica todo lo que suponía su visión de la arquitectura. Cada habitación es distinta a las demás y cada una de ellas evoca sentimientos diferentes a través del uso de los colores y la iluminación. El agua es un elemento clave, que conjugado con las variaciones en la iluminación, llena cada instancia de distintos reflejos que cambian durante el día para conseguir un ambiente especial.

«Creo en una arquitectura emocional. Es muy importante para la especie humana que ésta pueda conmover por su belleza. Si existen distintas soluciones técnicas igualmente válidas para un problema, la que ofrece al usuario un mensaje de belleza y emoción, ésa es arquitectura». – Luis Barragán.


Las maquetas de James Casebere

El fotógrafo “James Casebere” ha querido homenajear al arquitecto mejicano combinando la fotografía con la arquitectura en su exposición Emotional Architecture. En ella ha dejado la cámara por un momento para construir maquetas arquitectónicas que representan a una serie de espacios interiores. En los modelos se observan las mismas características que componían la obra de Barragán, alejándose de la definición más fría y racional de la arquitectura.

La exposición muestra las miniaturas de algunos de los rincones más emblemáticos de la obra del arquitecto padre de la arquitectura emocional. Después de fabricar las maquetas a base de trozos de madera, espuma y otros materiales sencillos como trozos de alfombra, Casebere utiliza su mejor arma: su cámara. Con ella toma las fotografías que se exponen en la “Galería Helga de Alvear” (Madrid) hasta el 10 de febrero de 2018.