Un debate muy interesante en el mundo de la arquitectura es el que existe entre renders y maquetas a la hora de presentar un edificio. ¿Qué es mejor, el render o la maqueta? Cada inmobiliaria, cada arquitecto o cada diseñador tienen su método preferido, ya que, aunque guardan muchas similitudes, también es cierto que presentan diferencias significativas en lo relativo al coste, el tiempo que se tarda en hacerlos o los detalles que ofrecen al espectador. Una de las claves de ese debate es conocer los pros y contras de cada uno.

Renders y maquetas, ventajas y desventajas

El gran punto fuerte de los renders es que ofrecen una imagen fotorrealista, que se vende muy bien y que se puede utilizar en los planes de marketing, publicidad y difusión. Al utilizarse un soporte virtual, el arquitecto o la inmobiliaria pueden hacer tantas copias como quieran del render para compartirla con quien lo precise. Además, son más económicos que las maquetas —cuestan un tercio que una maqueta— y se elaboran mucho más rápido. Si una maqueta necesita dos semanas, el render puede estar listo en 3 o 4 días.

Sin embargo, el render no puede competir con un objeto físico y a escala como es una maqueta arquitectónica. Por su carácter, despiertan el interés de los espectadores y les ofrecen una perspectiva mucho mejor del espacio. Una maqueta puede convertirse en el principal foco de atención del proyecto. Y antes de llevarlo a cabo puede ser de gran ayuda para implantar mejoras en el propio proyecto. Al ser algo físico, las maquetas ofrecen un punto de vista multiangular, y el resultado es más real.

Quizá el gran hándicap de las maquetas, más allá de ser algo más caras y lentas de construir que los renders, sea que solo se puede hacer una. Sin embargo, hay que tener en cuenta que con los renders el espectador no apreciará todas las áreas del proyecto, y que un render de baja calidad, con un mal fotomontaje o una iluminación antinatural provocará desilusión y decepción en un espectador al que le costará creen en el proyecto que está viendo. El cada vez más habitual uso de software de videojuegos para renderizar refuerza esta situación.

Una vez repasados los pros y contras de utilizar un render o una maqueta, llega el momento de que cada uno saque sus propias conclusiones. Sin embargo, ambos modelos no son incompatibles. De hecho, presentar un proyecto arquitectónico en los dos formatos ofrece un plus al espectador, ya que el realismo de las maquetas se une al enorme potencial visual de los renders. Maquetas y renders se pueden integrar en un mismo despliegue, y servirán al diseñador para presentar y describir su proyecto.