Situaros por un momento en una escena de una película de terror. La habitación está oscura y sentís que un peligro os acecha… ¿qué es lo primero que hacéis? Buscar la puerta para salir pitando de allí. Y es que las puertas son elementos infravalorados que pasan desapercibidos en nuestro día a día. Pero ¿qué sería de una casa sin puerta? La intimidad y la protección no existirían sin este invento.

En la arquitectura, las puertas siempre han sido un elemento fundamental. Y una de las razones principales es que se trata de lo primero con lo que entramos en contacto cuando accedemos a una construcción. Ya sea en una casa particular como en un monumento o un castillo, nos detenemos antes de pasar ese umbral; y sobre todo en estos últimos, donde la puerta puede convertirse en la pieza más importante de la construcción, como es el caso de las antiguas catedrales o fortalezas con un estilo barroco.

Hoy en día se suele pensar más en la funcionalidad y la simplicidad. Por eso, en lugar de detenerse en el diseño ornamental de las puertas, se piensa más en el espacio, en la ubicación de las mismas, en la sensación de amplitud que se le pueda dar al inmueble. Todo ello sin olvidar el lado estético, el conjunto de todos los componentes de una estancia. Hay que saber adecuar el estilo en todos los sentidos, si a una fachada de piedra que simula las construcciones de la antigüedad, se le añade una puerta de cristal moderna, va a parecer un parche o una mala reconstrucción.

La iluminación y la percepción del espacio va a depender mucho de la presencia, localización y material de las puertas. Por eso, en espacios de trabajo donde se necesita mucha luz, como son oficinas o centros de negocios, el cristal va a ser el elemento predominante tanto en puertas como en ventanas. No ocurre lo mismo en casas particulares, donde la madera suele ser la protagonista en el exterior. Esto se debe a que se trata de un material de calidad que aporta calidez y clase a la vivienda.

Sin embargo, antes de poner las bisagras hay que pensar en el entorno que nos rodea, de esta forma elegiremos el material que mejor se adapte a nuestras necesidades. Si vivimos en un lugar con temperaturas bastante bajas, es mejor optar por la madera, ya que es buena aislante del frío; pero no conviene en lugares húmedos, donde la lluvia es frecuente, porque el agua hace que la madera se ensanche y se deforme. En esos casos es mejor añadir algún tipo de recubrimiento como una persiana. Y, por el contrario, si residimos en un lugar cálido, las puertas de aluminio no dejan pasar el calor; además de ser bastante ligeras y maleables, por lo que permiten una gran variedad de diseños.

Una vez que hemos entrado en la estancia, no nos encontramos lo mismo que en el exterior. Las puertas interiores, al igual que las exteriores deben responder al estilo de la habitación. Dentro también suele predominar la madera, aunque se presenta en una forma más simple: no suelen ser macizas ni tener demasiados adornos.

No obstante, en los últimos años, los arquitectos están persiguiendo que los espacios sean lo más diáfanos posibles y que las puertas no sean un obstáculo para ello. Pretenden que las puertas de interior pasen desapercibidas, que sean invisibles. Paneles correderos, sin marcos ni pomos o incluso con cierre suave son algunas de las propuestas que ofrece la arquitectura moderna.

Ya veis, una simple puerta puede cambiar totalmente el diseño de cualquier espacio.