Cuando se oye hablar de un loft, hoy en día, se viene a la mente una imagen de un apartamento amplio, decorado con gusto y con mucha iluminación natural donde, posiblemente, viva una persona moderna; pero no te imaginas a una familia con niños viviendo en un lugar así.

Bueno, no es una idea muy equivocada. Los lofts surgieron más o menos a mediados del pasado siglo. En ese momento no eran más que habitáculos abandonados que en su vida anterior habían sido utilizados como almacenes para las fábricas. Los primeros habitantes que le dieron ese aire “chic” fueron artistas y estudiantes que necesitaban un lugar espacioso para vivir, pero que no tenían demasiados recursos económicos como para poder ocupar otro lugar. Así fueron los orígenes de estos pisos de “solteros”.

Las características de los lofts han ido evolucionando con el paso del tiempo, pero lo que verdaderamente recoge la esencia de estas viviendas son los espacios amplios, carentes de paredes que delimiten distintas habitaciones. Es por esto, y por los grandes ventanales, por lo que la luz natural se abre paso por todo el apartamento. Además, los techos suelen ser bastante altos y las ventanas llegan casi hasta arriba del todo, lo que hace que la ventilación e iluminación sean muy buenas.

Originalmente, los lofts dejaban a la vista los materiales con los que habían sido construidos: hormigón, vigas de hierro, escaleras abiertas, suelos de madera… Sin embargo, con su popularización se fueron cambiando algunos de estos aspectos, ya que ya no eran almacenes abandonados, sino construcciones que los imitaban. De esta forma, las paredes se presentan con mejores acabados y texturas más lisas que los ladrillos vistos o el hormigón. Las vigas de acero se colocan estratégicamente como elementos decorativos y las escaleras van acompañadas de modernas barandillas de cristal.

En cuanto al mobiliario, cada inquilino tiene sus gustos, pero lo propio de los lofts es que los muebles y la decoración en general sigan un patrón de formas geométricas muy simples. La cocina suele ir integrada en uno de los muros del inmueble y la cierra una isla que hace las veces de encimera y mesa de comedor. En los apartamentos con dos alturas, la parte de arriba se destina generalmente al dormitorio, por lo que la cama es la principal protagonista de este espacio. Claro que, con el paso del tiempo y las nuevas modas que marcan las pautas en el interiorismo, han ido surgiendo nuevos estilos para adaptar estos apartamentos a todo tipo de gustos y bolsillos.

Uno de los estilos que conjuga bien con la esencia de los lofts es el minimalista, ya que la simplicidad de las formas y el máximo aprovechamiento del espacio para dar amplitud son las características principales del mismo. Además, la gama de colores claros y neutros proporcionan continuidad al espacio. Un estilo perfectamente combinable con el escandinavo o nórdico, diferenciado por aportar un toque de calidez con plantas y textiles.

El minimalismo da la sensación de estar en un espacio elegante y fino, pero, a veces, se olvida lo que verdaderamente se está amueblando: un hogar. Las líneas tan geométricas y los colores tan fríos no son del agrado de los más hogareños. Por eso un estilo rústico también ensalza la vivienda creando un ambiente más acogedor, en el que la piedra y los tonos cálidos son los protagonistas.